¿Qué es sensibilidad o conciencia turística?

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“No hay empresas ni destinos de calidad, sin personas de calidad”. Recopilaciones de Antonio Torrejón.

Al hablar de sensibilidad o conciencia turística estamos haciendo referencia a la participa­ción de las personas en la búsqueda de mejores con­diciones para hacer posi­ble una adecuada calidad en la actividad turística, contribuir a su fortaleci­miento y poder obtener de ella los beneficios que es capaz de generar, dedicán­dole la atención necesaria para convertirla factor de creación de riqueza sustentable.

El turismo es un impor­tante factor socio-cultural eco­nómico que requiere de nuestra participación pa­ra su desarrollo. La actividad turística en­cuentra en nuestro diver­sificado patrimonio natural y cultural (zonas arqueoló­gicas, museos, gastrono­mía, playas, bosques) su principal detonador. Pero hay que destacar que el factor humano somos quienes damos vida al turis­mo, ya sea como turistas o anfitriones, de allí que de nuestra formación surgen las aptitudes para el servi­cio o el perfil de nuestro com­portamiento o exigencia.

En las últimas décadas en todo el mundo se han da­do grandes cambios de ín­dole socio económico, político y tecnológico. El turismo también ha evo­lucionado: la oferta turísti­ca mundial se ha desarro­llado considerablemente en el transcurso de los últimos treinta años. En 1970 la naciente OMT (Organización Mundial del Turismo), estimaba de cierta envergadura 40 países como destinos turísticos. Hoy po­demos nombrar más de 140.

Ante la globalización y el desarrollo de los me­dios de comunicación, el tu­rista nacional e internacio­nal tiene acceso a más y mejor información sobre actividades a llevar a cabo, destinos, experiencias y po­sibilidades de hacer turis­mo. Por lo mismo, hoy más que nunca, demanda más alta calidad y a un precio competitivo.

El turismo que todavía pese a su regresión llegó a significar una abrumadora mayoría, el “Turismo de Sol y Playa”, se ha visto obligado desde 1990, ha tomar fuertes recaudos de equipamiento en su diversificación, especialmente desde lo llamado “Turismo Náutico”, para reiniciar caminos de muchos lugares y destinos que vibraron en regresión.

Calidad y calidez 

La calidad de la vivencia del visitante está en rela­ción a su satisfacción ple­na, derivada de una expe­riencia única que se integre por servicios personaliza­dos y eficientes y una real interacción con la cultura de la comunidad receptora. En ese sentido, ante una competencia cada vez más agresiva y numerosa entre destinos que aspiran a ser la mejor alternativa para los visitantes, lo que hace la diferencia es la calidad de la atención recibida.

Queda en evidencia una necesidad: desarrollar ofer­tas adecuadas en las que el contar con hombres y mujeres con preparación, vocación, actitud positiva y emprendedora, resulta ser el factor que anima y otorga a la propuesta el sentido de calidad que el turista espera recibir.

No hay empresas ni destinos de calidad, sin personas de calidad, y no sólo calidad en tér­minos de profesionalización, sino también de preparación humana que da la coincidencia de sostenida calidad humana.

Calidad y calidez son en­tonces los principales fac­tores para ser competiti­vos en el sector, la calidad, vista como una condición indispensable, consiste en hacer bien las cosas debidas desde la pri­mera vez. La calidez, vista como el complemento, depende so­bre todo de la condición hospitalaria de los anfitrio­nes.

Nuestro objetivo prin­cipal está dirigido a coadyuvar en el cumplimiento del siguiente eje rector de la política turística. Por ello, las comunidades se deben sensibilizar, de­ben tomar parte en un proceso de aprendizaje que les permita estar me­jor preparadas para com­prender, identificarse y participar exitosamente en la actividad turística.

En suma, se requiere desa­rrollar la cultura turística. Dentro de ella, uno de los más antiguos es el concepto de hospitalidad, que da­ta desde antes de la llega­da de los españoles al con­tinente Americano. La historia refiere que los antiguos pueblos prehispánicos solían abastecer sus casas para proveer de ali­mentación y hospedaje a los viajeros, como una muestra de buena acogida y recibimiento, principal­mente por el alto aprecio que tenían por los sacerdo­tes y comerciantes.

La actividad turística

Con el paso del tiempo la actividad turística se ha desarrollado en diversas formas (turismo de nego­cios, de salud, de aventu­ra, entre otras), modificán­dose en algunos casos el motivo del viaje o las cir­cunstancias para hacerlo, a caballo, en trineo, en ca­mión o en avión. Por las condiciones actuales resul­taría difícil que todos los viajeros fueran recibidos en forma gratuita, aunque sí es posible, que sean re­cibidos de manera cortés. La hospitalidad es un concepto que no se per­dió a lo largo de la his­toria, y se ha converti­do en una característi­ca de los pueblos latino­americanos.

No por ser antigua esta bús­queda, debemos dejar de re­cordarla. La conciencia o sensibilidad por el turismo y los turistas es un estado mental que presupone la buena disposición de los prestadores de servicios y los habitantes de un lugar para llevar al éxito, esta ac­tividad.

El turista, es alguien con la debilidad del forastero, lejos de su tierra, esa situación, lo convierte, en personas, más sensibles a las atenciones y en el registro y valoración de las positivas, aptitudes. En cuanto a la relación con los turistas debemos brindarles un trato afable y cortés, ac­tuando con absoluta honradez y equidad en las transaccio­nes comerciales que con ellos realicemos.

Debemos ser cons­cientes del bien que podemos hacerles y del mal que debe­mos evitarles, siempre dentro del sentido de la hospitalidad. El trato humano que se debe brindar al turista se inicia a su arribo. En ese momento es de gran importancia la impresión que recibe el viajero a su llegada al lu­gar de destino, de la misma ma­nera que lo es la recepción que se le brinda al entrar al hotel. Es importante que los recibamos con una actitud amistosa, símbo­lo de la hospitalidad argentina. Evitemos la actitud huraña y re­celosa, que sólo poseen aquellos individuos que no saben convivir con sus semejantes, así como la actitud cínica del que ve en un tu­rista una presa por devorar. Cada visitante extranjero trae consigo una cámara fotográfica a la que ningún detalle bueno o malo se le escapa: su memoria. Procuremos que en ella abunden los recuerdos agradables. Para acreditar turísticamente a un lugar se requiere mucho tiem­po, dinero y esfuerzo. Para desa­creditarlo sólo basta un error que no debemos cometer.

Cada argentino, o santiagueño en particular, es la ventana a través de la cual se asoma el tu­rista a nuestra casa. Procure­mos mostrarles un interior lim­pio y agradable. También debemos ser conscien­tes de nuestra responsabilidad frente al visitante. En la actualidad los avances tec­nológicos y la depuración de las técnicas administrativas, han vuelto más rápidos y eficaces los procedimientos y actividades que se realizan en el sector turístico.

Lamentablemente, gran parte de quienes trabajan en el turismo han puesto gran atención a los números y a las técnicas, y han olvidado que el turismo es un pro­ducto de las relaciones humanas. Por ello, es importante dejar bien claro que quienes trabajan en el turismo deben ser particular­mente comprensivos y profesionalmente serviciales.

El respeto hacia nuestros huéspedes 

Del mismo modo en que se hacen promociones para dar a conocer nuestro país al mundo entero es necesario promover entre nosotros las palabras cordialidad, el sentido altruista y la atención cordial a las personas. Por lo tanto, el respeto hacia nuestros huéspedes se debe traducir en brindarles hospitalidad, no despreciarlos, no hacerles desaires, ni abandonarlos en la necesidad. Significa también ser educados, comprenderlos, ser cordiales y atentos.

Cuando hayamos entendido la importancia social y económica que entraña el turismo, será imprescindible que pongamos todos nuestros esfuerzos para siempre brindarle al turista una feliz estancia en nuestra ciudad. Por eso sería recomendable que desde la escuela primaria se concientizara a los niños y jóvenes sobre el patrimonio turístico con que contamos, para que aprendan a valorar y a apreciar el lugar en el que viven.

Esmerémonos por dar un servicio adecuado en un ambiente en que se hermanen la tradición hospitalaria de nuestro pueblo y las técnicas modernas con que se brindan los servicios a los huéspedes. Acostumbrémonos a recibir a nuestros visitantes, con cortesía y amabilidad, que se ponga de manifiesto nuestra vibración y solidaridad personal. Ser amigos del turista no es servilismo, ni atención interesada, es una muestra sencilla de la tradición de un pueblo que tiene conciencia y sensibilidad inteligente de la conveniencia turística.

La palabra que debe ser sinónimo de turismo es honestidad: honestidad en los alimentos y bebidas; honestidad en el trato; honestidad en los transportes, honestidad en los precios; esto forma parte del plan. El resto lo pone nuestra pródiga y bella naturaleza, nuestras costumbres, nuestra rica tradición y la positiva cultura de nuestros pueblos.

Fuente: Pulso Turístico.

Pueden acceder a la nota en este link

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